Todos creen que es una santa, que su cabello liso y rubio es natural, que un hada madrina fue la que le dio el carruaje y el elegantísimo vestido D’ior para ir al baile, pero no, no es así. Todos han malinterpretado la historia y es por eso que yo, Anastasia, la supuesta “hermanastra malvada”, he decidido abrir este blog para contar mi verdad, mi versión de los hechos.
Para empezar, Cenicienta llegó aquí con otro nombre: Rasputia. Debido a su obsesión por los cigarros (se fumaba una caja por día) fue que el pusimos Cenicero, pero, como también era sirvienta, mi hermana y yo acuñamos el nombre: Cenicienta. Sí, quizá fue un poco cruel, pero eso es nada comparado con la maldad de Cenicienta.
Rasputia, digo, Cenicienta, llegó aquí con los pelos malos, amigos lectores, ¡Malos y oscuros! A punta de plancha, keratina y tinte fue que el cabello se le acomodó. Y no era una esclava como suelen decir por allí, Cenicienta tenía días libres, ¿y saben en que lo invertía?Vendiendo droga. ¿O creen que ese vestido y esos zapatos tan caros se financiaron solos? Mi madre la regañaba por haber convertido esta casa en una tienda de estupefacientes, entonces, Cenicienta se molestaba y amenazaba con irse y no regresar, decía que algún día encontraría un príncipe que la sacaría de su miseria.
El día del famoso baile, Cenicienta llegó a las 2 de la tarde de la discoteca. Mi madre, al verla borracha, le preparó una sopa para que se repusiera y pudiera acompañarnos en la noche al esperado evento. Cenicienta tiró el plato, se preparó un cigarro con estupefacientes y se encerró en su cuarto. Nos dijo que la dejáramos en paz o iba a caernos a golpes. Ese mismo día, a eso de las 8 de la noche, se apareció Cenicienta con su fino vestido y unos zapatos que me parecían conocidos, ¡eran los míos! Cenicienta se había vomitado en los suyos y sacó unos de mí closet, ¡La quería matar! Luego, comenzó a hablar de un hada madrina que la había visitado y le había dado su hermosa vestimenta y un carruaje con forma de cebolla (se había ido en taxi), obviamente, aún estaba dopada. Se alejó de nosotros diciendo que necesitaba encontrar a su príncipe y que a las 12 debía regresar a casa porque el hechizo se desvanecería, es decir, el efecto de la droga. Llegada la medianoche salió corriendo y para colmo, en el trajín de la cuestión botó una de mis zapatillas. Media hora después, llegamos a casa y encontramos a Cenicienta entregándole un paquete a un cliente.
El día de la visita del príncipe, Cenicienta nos amarró a todas en el baño para asegurarse de que la zapatilla no le quedara a otra persona que no fuese ella. La zapatilla encajó y ella escapó con su príncipe. Pero eso no es todo, desde que se casó, Cenicienta nos envía cartas de amenaza y ahora nos ha pedido acudir a un juicio por violencia doméstica y complicidad en el tráfico de drogas. ¡Es una desgracia! Ahora juzguen ustedes amigos lectores, juzguen si de verdad merecemos ser llamadas las hermanastras malvadas, si de verdad somos las malas de la historia tras haber soportado todo esto.
________________________________________________________
Esto fue una asignación de Castellano II: contar la historia de un cuento infantil famoso desde la perspectiva de un personaje distinto al protagonista.
No hay comentarios:
Publicar un comentario