11/8/11

Todo un Don Nadie

     Cuando se levantó y se vio en el espejo, era otra persona. Se sentía diferente, más excitado y sucio que de costumbre, con unas ganas de fornicar terribles. La prostituta que yacía a su lado le convidó un cigarrillo. Tuvieron sexo un par de veces y Él salió a la calle.

      Se acostó con todos los que pudo a cambio de dinero, hombres, mujeres, adolescentes y ancianos. Experimentó el abuso de los chulos que querían hacer uso de sus servicios sin pagar un céntimo.

      Acabó su día en el baño público de una construcción, teniendo relaciones con un obrero pueblerino. Al amanecer, se vio en el espejo y era otra persona, tenía unas ganas inmensas de trabajar y sentía una gran obligación de mantener a su familia.

      Trabajó arduamente en la construcción hasta el descanso de las 10 am. Un político acudió al lugar para supervisar el estado de la obra, y Él fue escogido para que tuviese una sesión de fotos y pasara un día con el político, que, al parecer, necesitaba divulgar su apego por el pueblo para las próximas elecciones.

      Al amanecer, sentía unas ganas inmensas de sonreír y prometer. Se despidió de su ahora adversario y salió a caminar. Saludó a todos en el parque, besó cientos de viejitas y niños y prometió una decena de construcciones y mejoras para la ciudad. Para el mediodía ya se perfilaba como favorito y al anochecer ya era casi seguro que ganara. Su foto aparecía en todos los noticieros.

      Abrumado por la fama y temeroso de un rostro perpetuo, Él corrió a su casa, entró al baño de su habitación y lavó con energía su cara, se vio en el espejo y su nariz comenzaba a chorrear.

      Al día siguiente se levantó y miró el espejo; no vio rostro alguno, era un Don Nadie otra vez. No quería tanta trascendencia como la que tuvo el día anterior, sólo quería saber lo que era ponerse en los espejos de los demás.

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