Cuando un grupo de personas intenta colgar un cuadro, siempre alguien retrocede para evaluar la situación. Un crítico es ese que dice si el cuadro quedó torcido o hacia dónde debería moverse para que quede mejor. Un criticón, es aquel que simplemente exclama: “¡No saben colgar un cuadro!”, o: “¡El cuadro es horrible!”
He notado con cierta curiosidad, como los venezolanos hoy día, tienden a tomar mal las críticas, vengan de donde vengan. Y es que el crítico pasa a ser un envidioso, para los estratos más bajos; un traidor para los rojos y los azules; un apático para los activistas; un hater para los artistas; un apátrida para los deportistas, y un fanfarrón en líneas generales. “Por lo menos hago algo”, “entonces supéralo”, y otras variaciones, suelen ser las defensas esgrimidas por esta gente ante la crítica.
Es evidente entonces, como se le da más importancia a la acción que al pensamiento, lo cual, ha generado una tendencia (no sólo aquí, sino en todo el mundo) de abocarse a “hacer algo” para presumir al respecto; que, en situaciones, ha resultado en terribles daños.
Un artículo de Cracked, publicado hace algunas semanas, ilustra esta situación perfectamente. En él se habla de 5 ayudas humanitarias que en realidad no ayudaron, entre éstas, se incluía un masivo voluntariado para limpiar a las aves afectadas por el derrame de petróleo ocasionado por BP. Debido a la ausencia de un criterio de selección, a la implícita filosofía de “todos pueden participar”, más aves fueron perjudicadas, principalmente, porque debían ser atrapadas para trasladarlas y la inexperiencia de los voluntarios las ahuyentaba hacia el mar contaminado. Además, el lavado requería de cierta preparación y minuciosidad para no lesionar a los animales.
Este ejemplo prueba, como “por lo menos hacer algo” no basta. Se debe pensar antes de actuar, saber qué se está haciendo y cómo se está haciendo. Con esto no hago un llamado a la apatía o a la divagación, si no a escuchar la crítica para mejorar, a no temerle y creer que es un intento por desmoronar a alguien o destruir lo que ha hecho. Debe entenderse, que criticar no es creerse superior a los demás sino querer que los demás se superen.
Venezuela es un país en vías de desarrollo y en crisis (y en-deudado), por lo tanto, necesita de la autocrítica para corregir sus errores y saber qué puede hacer para salir adelante, ¡necesita que la critiquen! Pienso que es hora de deponer el ofuscador orgullo venezolano que hace creer que todo intento por mejorar es una mejora, de dejar de menospreciar y etiquetar al crítico, y afilar el intelecto para discernir qué ayuda y qué no, quién es el crítico y quién es el criticón.
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