16/8/11

"La vaina está jodía" (2/3)

‒Pero claro, llegaron la televisión, el cine, el Internet, la globalización y los anglicismos, y poco a poco nos fuimos quedando en la calle.

Ambos quedaron en silencio por unos segundos… ¿ exclamó:
‒¡Qué desgracia! Y todo por esa ridícula admiración por el inglés que siempre ha tenido este país, por todo lo que se produzca en los países de esa habla, la mierda de allá es oro aquí.

‒Ahora a todos les parece cool ese idioma e intentan copiar su estructura, y pues claro ? y ! son famosos, los contratan para cualquier cosa, hasta para aparecer en un envase de queso fundido ‒Respondió ¡.

‒Y no te olvides de que esos dos ahora son unos engreídos de mierda, la ? me dijo que me dejara de pendejadas que el negocio estaba duro y más para nosotros, así que si quería trabajar tenía que tragarme mi orgullo, ponerme unos trapos rojos y salir a ver que consigo, preferiblemente con el gobierno porque allí es donde se bate el cobre.

‒¡Qué bolas! Lo peor de todo es que entramos a este negocio primero que ellos, les enseñamos lo que sabíamos y ahora nos tratan como inferiores. ¡Ellos no serían nada sin nosotros!

‒Ahora son vistos como símbolos de modernidad y como algo juvenil, pero hace 40 años, por sí solos, los habrían visto como una aberración al lenguaje. ¡Cómo cambian las cosas!

‒¡Y la gente! El señor ! ya ni saluda, está muy pendiente de que no lo vean conmigo para no perder su “toque de genialidad”. Además ahora se viste como un pavo. De todos los signos es el que más trabajo agarra, no me quiero imaginar por dónde tendrá el ego.

Ambos hicieron una pausa, ahora veían hacia la calle. La señora ¿ se levantó de la mecedora, dio unos cuantos pasos y dijo: ‒Voy a hacer un cafecito ¿quieres?

‒Sí, por favor ‒respondió el señor ¡ mientras se incorporaba a la pequeña sala del porche y se sentaba frente a la mecedora. Se quitó el sombrero negro que llevaba puesto y lo colocó en su regazo, continuaba fumando su cigarro.

La señora ¿ puso a hervir agua y en 5 minutos ya había hecho el café. Tomó unas tazas y sirvió dos guayoyos, era así como le gustaba. Los transportó en una bandeja de aluminio hasta el porche y los colocó sobre una pequeña mesa de mimbre.

‒Estas son las tazas que nos trajo de Colombia el Acento ‒recordó ¡ mientras tomaba un sorbo.

‒Sí, son muy bonitas. Por cierto ¿qué es de la vida de él? ‒preguntó ¿.

‒Pues por lo que sé, ahorita está taxeando, y se divorció de Prosodia, la esposa.

¡Qué horror! Lo que ha causado el desempleo.

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