23/8/11

Brayan y el mango

     Se sentó en el único escalón de aquella casa de bahareque, mirando hacia la calle con un mango y una navaja en sus manos. Empezó a pelarlo muy lentamente, sin quitar la vista de aquella vía semi-pavimentada. Un viejo apenas capaz de arrastrar sus pies para desplazarse, era el único ocupante de la casa en esos momentos.

     ‒Eso no es cualquier vaina, ¿sabes? ‒dijo el viejo apoyándose en la entrada principal.
     ‒¡Yo sé coño! ‒gritó el muchacho sin voltearse.
  Pero en realidad él no sabía,  él sólo había seguido las recomendaciones de sus amigos.

   Él esperaba que algo les pasara, que de regreso un autobús los atropellara, que alguien los matara,  que todo hubiera sido un fracaso y volvieran desconsolados. En ese caso, en cualquiera de los casos, él correría hacia ellos con gesto devastador y una alegría, más bien, sosiego, sí, sosiego; “un fresquito” por dentro. Estaría con ellos por un rato, lloraría si podía y regresaría a casa, calmado, como si nada hubiera sucedido. Vería televisión, montaría bicicleta o jugaría bolas criollas. Pero, ¿y si todo salía bien? Entonces no sabría qué hacer, de hecho, negaba esa posibilidad para no pensar en ello.

   Seguía pelando aquel mango, sólo retiraba la concha, no procuraba comérselo o compartirlo con el viejo.

    ‒Uno con esas cosas tiene que ser cuidadoso. Y si toca, bueno, asumir el barranco, así uno esté jojoto ‒dijo el viejo.
    ‒Ah, verga, ni que fueras el “pai” mío, pa’ está aconsejándome ‒replicó él.

   Ambos callaron, el anciano se acercó un poco más al muchacho. Él seguía pelando el mango sin voltear, ahora intentaba quitar los pequeños restos de concha que seguían en la fruta.

    ‒¿Estás “cagao”? ‒preguntó el viejo en tono burlón.
    ‒No ‒contestó él seriamente.
    ‒¿Seguro?
    ‒¡A pues!
    ‒Llevas media hora pelando ese mango.
    ‒Y usted que me lo está velando ‒dijo él molesto.
   ‒Mira chico, yo te voy a contar de cuando eso me pasó a mí, claro, no estaba tan joven como tú, tenía como…
   ‒¡Deja la ladilla viejo de mierda! ‒gritó él‒. ¿No tienes algo que hacer?
    Hubo un silencio, el viejo bajó la voz y mientras se adentraba en la casa nuevamente, murmuró:
    ‒Esperar, como tú.

    Él pensó en golpear al viejo, en darle un puñetazo si le volvía a decir algo. «Yo no tengo la culpa», se decía, «qué va a saber uno».  Pensó en escapar, en huir como hacen los demás, pero se dio cuenta de que no tenía a dónde ir, de que aquel lugar era un pueblo muy pequeño como para ocultarse. Se percató de que se habían tardado demasiado, creyó que estarían muertos (esperaba que estuviesen muertos).

  Ahora veía el mango, totalmente pelado, pensaba que si seguía cortándolo llegaría a la pepa y perdería toda la fruta, así que decidió picar un trozo y comérselo. Lo hizo muy lentamente, apenas hubo tragado, vio a tres personas caminar por aquella vía semi-pavimentada; eran ellos.

   Venían del hospital, cargaban un bojote entre manos y lo veían con regocijo, el viejo salió a recibirlos, él se quedó petrificado, no hallaba que hacer, pero no había escapatoria. No supo en que momento la joven madre se acercó a él con el bebé y le hizo cargarle.

    Ahora, con el niño en brazos, sonrió. Pensó que no estaría tan mal, que quizá él pudiera conducir un autobús en la ciudad para poder alimentarlo, que tal vez pudieran vivir en la casa de sus padres. Y pensó que su hijo sería su orgullo, sería una estrella del deporte o de la televisión, sería famoso...  En ese momento lo supo; se llamaría Brayan. 

16/8/11

Inmadurez es...

   "Una de las razones para catalogar a algunas personas de inmaduras es que no son capaces de afrontar una derrota, una tragedia, o cualquier desavenencia. Generalmente tales personas no pueden soportar un desenlace fatal, ni siquiera un drama de experiencias simbólicas. Por eso se han difundido tanto en la literatura popular los finales agradable de tal manera que un desenlace saturado de escenas desagradables, al final son arreglados de tal modo que la acción varíe favorablemente. Las personas inmaduras necesitan constantemente que se le demuestre que todas las cosas acabarán bien". 


Norecuerdodedóndelasaqué.


No te metas con el orgullo ucevista


     ¿Que eso del orgullo ucevista no suele ir más allá de comprarse la chapita, gritar “u-u-ucv” y alardear frente a otros de que se estudia allí? ¡Patrañas!

     No te atrevas a decir que es una venda, que a muchos impide ver los problemas más esenciales de la universidad, y que a veces los oculta como la forma (chévere) de ser de la UCV. Tampoco digas que ciega y silencia a los más nuevos, ni que es un escudo contra la autocrítica. ¿La desinformación es atroz?,  ¿las bibliotecas son un desorden?, ¿los pensum están desactualizados?, ¿la burocracia tiene un imperio montado allí? ¡Nada! ¡Es la UCV y punto!

     ¿Que hace que la gente se sienta orgullosa por cosas que no deberían? ¿Cómo qué? ¿El régimen de vagancia permanencia?, ¿el libertinaje?, ¿la facilidad con que se consumen drogas y alcohol? ¡Tonterías!

     Ni se te ocurra pensar que haber sido declarada patrimonio de la Unesco ha sido lo peor que le ha sucedido a la universidad, tampoco digas que la ha congelado en el tiempo. ¡Y no te metas con los buhoneros y los kioscos! ¿Que hay formas más decentes de plantar un negocio? No importa, esa gente es patrimonio, y sus hijos también, pueden ir y montar un auto lavado ahí dentro si quieren.

     ¿Qué? ¿Que es hora de apagar el orgullo ucevista y ver las cosas como son? ¿Que a la universidad le queda mucho por mejorar y necesita de mentes críticas que dejen de repetir lo que dice la rectora y los centros de estudiantes para ello? ¡Ja! ¡Ahora sí estás demente!

Oda al calzado

¿Hace cuanto llegaste al mundo?
¿cuántas palancas de inodoros
no bajamos juntos?
¡Ay, zapato! ¡Cómo te adoro!

Dicen que es malo aferrarse a cosas materiales
pero es que tú y tu otro par eran ideales
pobre zapato, ya estás viejo
veo tu suela y digo: "Cómo pasa el tiempo"

Piedras, charcos y lodos
ni una queja de que te hice sentir incómodo
Zapato, Zapato, ¿cuántos kilómetros habremos caminado?
¿Cuánta caca de perro habremos pisado?

Querido zapato, ¿no recuerdas cómo te lavaba?
con agua o soda yo te enjuagaba
tus trenzas con cariño yo amarraba
pero supongo que es historia pisada

La realidad es otra, querido zapato
muy decente y resistente fuiste, calzado
no como otros sórdidos y ensuciados
pero la realidad es otra, querido zapato

Viejo zapato mira como te deshilachas
y no es que sea un asunto de marca
es que todo tiene su momento
y el tuyo hasta aquí ha llegado, no hay remedio

Necesitas un reemplazo, esa es la verdad
me encargaré de que sea un ejemplo de comodidad
para honrar tu memoria, zapato quiero que sepas
que en este día has pasado a la historia
Mi Historia

"La vaina está jodía" (1/3)

Le dijo la señora ¿ al señor ¡ cuando lo vio regresar de la calle desahuciado tras una jornada de lo que él llamaba: caza de empleos.

‒¿Jodía ¿ ? ¡Está más que jodía! ¡Ya ni un buen trabajo se puede conseguir en esta vaina!

La señora ¿ detuvo la mecedora en la que se encontraba balanceándose, acomodó su polvoriento y grisáceo cabello y dijo:

‒Bueno, ¿acaso no es de esperarse ¡ ? Con esta crisis económica, la globalización y la competencia en el mercado… Ya estamos viejos, pronto la gente se olvidará completamente de nosotros y tendremos que retirarnos.

El señor ¡ apoyado en la escalera del porche encendió un cigarro e inhaló lentamente, bajó su mano y la colocó a nivel de su cintura, con la punta de aquel vicio hacia la calle, de manera que el humo no molestara a la señora ¿.

‒¡Coño! ¿Ya vas a fumar? ‒Le gritó ella.

‒¡Déjame en paz! Lo necesito, de verdad, hace mucho que no lo hago, estos tiempos me tienen bajo estrés ‒respondió él.

‒¡Bah! ¡Jódete los pulmones si quieres! ‒¿ hizo una breve pausa, miró hacia la calle y masculló‒: lo que pasa es que todavía te crees un chamito.

¡ reaccionó con algo de rabia. ‒No, lo que pasa es que todavía conservo la fe, ‒dijo‒, algo que tú perdiste cuando te resignaste a plantar tu culo en esa mecedora por el resto de tu vida.

‒¿La fe en qué ¡ ? ¡Si cada generación está más jodida que la otra!  ‒respondió la señora ¿ aferrándose a la mecedora.

‒Fe en que todavía existe gente buena por allí, gente preocupada por realizar un trabajo de calidad.

‒Sigue creyendo, esto no es como hace 30 años.

Hubo un silencio. ¡ se quedó pensativo, tomó una bocanada de dióxido de carbono y comenzó a evocar otros tiempos, a recordar eras de bonanza. ‒¿Recuerdas cómo antes todos se preocupaban por escribir con propiedad? ¿Por utilizar correctamente cada uno de los signos de puntuación? ‒dijo.

‒¡Je, je! Sí, aquellos tiempos. ‒murmuró ¿ con voz pausada‒. ¿Recuerdas cuánta relevancia teníamos en el mercado laboral? ¿Cuánto trabajo acumulábamos?

Como si fuera ayer ‒replicó ¡‒. La importancia de la palabra escrita y que muchos pretendieran ser escritores nos mantuvieron trabajando por años… nos dieron esta casa.

"La vaina está jodía" (2/3)

‒Pero claro, llegaron la televisión, el cine, el Internet, la globalización y los anglicismos, y poco a poco nos fuimos quedando en la calle.

Ambos quedaron en silencio por unos segundos… ¿ exclamó:
‒¡Qué desgracia! Y todo por esa ridícula admiración por el inglés que siempre ha tenido este país, por todo lo que se produzca en los países de esa habla, la mierda de allá es oro aquí.

‒Ahora a todos les parece cool ese idioma e intentan copiar su estructura, y pues claro ? y ! son famosos, los contratan para cualquier cosa, hasta para aparecer en un envase de queso fundido ‒Respondió ¡.

‒Y no te olvides de que esos dos ahora son unos engreídos de mierda, la ? me dijo que me dejara de pendejadas que el negocio estaba duro y más para nosotros, así que si quería trabajar tenía que tragarme mi orgullo, ponerme unos trapos rojos y salir a ver que consigo, preferiblemente con el gobierno porque allí es donde se bate el cobre.

‒¡Qué bolas! Lo peor de todo es que entramos a este negocio primero que ellos, les enseñamos lo que sabíamos y ahora nos tratan como inferiores. ¡Ellos no serían nada sin nosotros!

‒Ahora son vistos como símbolos de modernidad y como algo juvenil, pero hace 40 años, por sí solos, los habrían visto como una aberración al lenguaje. ¡Cómo cambian las cosas!

‒¡Y la gente! El señor ! ya ni saluda, está muy pendiente de que no lo vean conmigo para no perder su “toque de genialidad”. Además ahora se viste como un pavo. De todos los signos es el que más trabajo agarra, no me quiero imaginar por dónde tendrá el ego.

Ambos hicieron una pausa, ahora veían hacia la calle. La señora ¿ se levantó de la mecedora, dio unos cuantos pasos y dijo: ‒Voy a hacer un cafecito ¿quieres?

‒Sí, por favor ‒respondió el señor ¡ mientras se incorporaba a la pequeña sala del porche y se sentaba frente a la mecedora. Se quitó el sombrero negro que llevaba puesto y lo colocó en su regazo, continuaba fumando su cigarro.

La señora ¿ puso a hervir agua y en 5 minutos ya había hecho el café. Tomó unas tazas y sirvió dos guayoyos, era así como le gustaba. Los transportó en una bandeja de aluminio hasta el porche y los colocó sobre una pequeña mesa de mimbre.

‒Estas son las tazas que nos trajo de Colombia el Acento ‒recordó ¡ mientras tomaba un sorbo.

‒Sí, son muy bonitas. Por cierto ¿qué es de la vida de él? ‒preguntó ¿.

‒Pues por lo que sé, ahorita está taxeando, y se divorció de Prosodia, la esposa.

¡Qué horror! Lo que ha causado el desempleo.

"La vaina está jodía" (3/3)

‒Y la infidelidad…

‒Así que además de desempleado es un monta cachos.

‒¡Mjú! ‒masculló ¡ ‒. Pero él se ha portado muy bien con nosotros, si estuviera aquí nos habría apoyado en todo lo que hemos dicho. Él también se las ha visto negras por esta moda de la mala escritura.

‒Pobre ‒dijo la señora ¿‒. Tan famoso que era el Acento hace unos años y tanto que lo buscaban en el mercado, tenía más contratos que nosotros dos juntos.

Ambos hicieron otra  pausa, ¡ hacía un esfuerzo por darle vueltas al tema y continuar la conversación: ‒Y aún hay más ‒dijo‒, las comillas montaron una especie de burdel y ahora los hombres van y hacen con ellas los que les da la gana.

‒¡Qué horrible!

‒Ya ni saben para qué sirven ni dónde están paradas, por eso cayeron tan bajo.

La señora ¿ tomó un sorbo de café y sostuvo la taza a nivel de su regazo. ‒¿Y has sabido algo de Diéresis? ‒preguntó.

‒Pues tú sabes que Diéresis ha pelado bolas toda la vida, de todos los signos es la que menos trabajo agarraba. Pero ahora está más pobre que nunca, creo que está trabajando de secretaria en algún ministerio, vive en un cerro y escuché por ahí que vende estupefacientes los fines de semana.

‒¡Ay Dios mío! Agarró el camino de la perdición.

‒Diéresis siempre trabajó poco, la contrataban los más intelectuales, los que conocían su excepcional talento, supongo que un día se cansó de todo esto y creyó que le iría mejor como empleada pública mal pagada.

‒¿A dónde iremos a parar ¡? ¿Crees que desapareceremos ¡ ? ¿Si nadie nos recuerda, si nadie nos contrata, podríamos desvanecernos?

El señor ¡ guardó silencio, fumó lo que quedaba del cigarro y lo botó, mientras el humo se disipaba ante sus ojos vio a la señora ¿ en una extraña transformación… primero estaba así ¿ luego así ¿ y después ¿  y al final ya no había señora ¿. ¡ hizo un gesto con su mano en el aire para apartar los restos de dióxido de carbono y nicotina, encontró a la señora ¿ mirándolo con enfado.

‒¿¡Coño me vas a echar el humo en la cara!? –le gritó.

‒Disculpa ‒respondió él.

Ambos miraron a la calle.

‒¿Qué vamos a hacer ¡ ? –preguntó ella con angustia.

‒Irnos a España.

‒¿Estás loco?

‒¿Allá está la Real Academia, no? Tendríamos más oportunidades de ser contratados, allá debe haber más personas que se preocupen por hacer un uso correcto del lenguaje, ¡por la ortografía!

¿ luego de meditarlo por un momento dice con cierta resignación: ‒Tienes razón –se detuvo para beber lo que quedaba de café y preguntó‒:  ¿Cuándo nos vamos?

‒Cuanto antes… No quiero que te desvanezcas ‒respondió ¡.

‒¿Ah?

Nada. Empaca tus cosas.

15/8/11

¡No me critiques!

   Cuando un grupo de personas intenta colgar un cuadro, siempre alguien retrocede para evaluar la situación. Un crítico es ese que dice si el cuadro quedó torcido o hacia dónde debería moverse para que quede mejor. Un criticón, es aquel que simplemente exclama: “¡No saben colgar un cuadro!”, o: “¡El cuadro es horrible!”

   He notado con cierta curiosidad, como los venezolanos hoy día, tienden a tomar mal las críticas, vengan de donde vengan. Y es que el crítico pasa a ser un envidioso, para los estratos más bajos; un traidor para los rojos y los azules; un apático para los activistas; un hater para los artistas; un apátrida para los deportistas, y un fanfarrón en líneas generales. “Por lo menos hago algo”, “entonces supéralo”, y otras variaciones, suelen ser las defensas esgrimidas por esta gente ante la crítica.

   Es evidente entonces, como se le da más importancia a la acción que al pensamiento, lo cual, ha generado una tendencia (no sólo aquí, sino en todo el mundo) de abocarse a “hacer algo” para presumir al respecto; que, en situaciones, ha resultado en terribles daños.

   Un artículo de Cracked, publicado hace algunas semanas, ilustra esta situación perfectamente. En él se habla de 5 ayudas humanitarias que en realidad no ayudaron, entre éstas, se incluía un masivo voluntariado para limpiar a las aves afectadas por el derrame de petróleo ocasionado por BP. Debido a la ausencia de un criterio de selección, a la implícita filosofía de “todos pueden participar”, más aves fueron perjudicadas, principalmente, porque debían ser atrapadas para trasladarlas y la inexperiencia de los voluntarios las ahuyentaba hacia el mar contaminado. Además, el lavado requería de cierta preparación y minuciosidad para no lesionar a los animales.

   Este ejemplo prueba, como “por lo menos hacer algo” no basta. Se debe pensar antes de actuar, saber qué se está haciendo y cómo se está haciendo. Con esto no hago un llamado a la apatía o a la divagación, si no a escuchar la crítica para mejorar, a no temerle y creer que es un intento por desmoronar a alguien o destruir lo que ha hecho. Debe entenderse, que criticar no es creerse superior a los demás sino querer que los demás se superen.

   Venezuela es un país en vías de desarrollo y en crisis (y en-deudado), por lo tanto, necesita de la autocrítica para corregir sus errores y saber qué puede hacer para salir adelante, ¡necesita que la critiquen! Pienso que es hora de deponer el ofuscador orgullo venezolano que hace creer que todo intento por mejorar es una mejora, de dejar de menospreciar y etiquetar al crítico,  y afilar el intelecto para discernir qué ayuda y qué no, quién es el crítico y quién es el criticón.

11/8/11

Yolanda, la reina de la parranda


    Yolanda no se puso sus pantaletas agujereadas, esta vez sólo buscó el mejor sostén y abrió la puerta del baño. Se puso un vestido “estraple” amarillo de lentejuelas, se engominó los rulos negros que tenía por cabello y se colocó una de esas sandalias plateadas que exaltaban su tono oscuro de piel y sus uñas vinotinto con florecitas recién pegadas. Empezó a maquillarse, se colocó un labial marrón, delineó sus ojos y echó mucho polvo blanco sobre su cara, que ahora tenía un color distinto al del resto de su cuerpo, por último, se puso una sombra azul sobre sus párpados en un radio que bordeaba las cejas y la nariz de su rostro, sombra que ella creía: “exaltaba sus ojos color café”. Luego se encajó unos pendientes dorados que no hacían juego con su ropa. Se miró un par de veces en el espejo, se arregló el cabello, guiñó y tiró besos, hasta que sintió que estaba lista. Dio dos pasos y recordó que había olvidado la cartera, tomó una de lentejuelas que, junto al vestido, la hacían ver como una farola. Se echó un poco de Jean-Natté en los brazos y lo mezcló con algo de colonia Menem y Factory para su cuello. Pero aun así faltaba algo, Yolanda se levantó el corto vestido y tomó de la peinadora un pequeño zarcillo cuadrado y brillante que metió en su ombligo. Todo esto lo hacía, mientras su mamá yacía en la cama leyendo Últimas Noticias, en el momento en que Yolanda dice: “Ya estoy lista”, su mamá comenta:

     ‒¡Tanta emperifolladera, para restregarle las nalgas a un hombre!

    ‒¡Ay mamá! ‒responde Yolanda.

    ‒¿Te pusiste pantaletas o le vas a dejar la cocoya libre?

    ‒¡Sí! ‒responde hastiada la hija‒. Ya me voy.

    ‒Me haces el favor y llegas temprano, y sin barriga.

Todo un Don Nadie

     Cuando se levantó y se vio en el espejo, era otra persona. Se sentía diferente, más excitado y sucio que de costumbre, con unas ganas de fornicar terribles. La prostituta que yacía a su lado le convidó un cigarrillo. Tuvieron sexo un par de veces y Él salió a la calle.

      Se acostó con todos los que pudo a cambio de dinero, hombres, mujeres, adolescentes y ancianos. Experimentó el abuso de los chulos que querían hacer uso de sus servicios sin pagar un céntimo.

      Acabó su día en el baño público de una construcción, teniendo relaciones con un obrero pueblerino. Al amanecer, se vio en el espejo y era otra persona, tenía unas ganas inmensas de trabajar y sentía una gran obligación de mantener a su familia.

      Trabajó arduamente en la construcción hasta el descanso de las 10 am. Un político acudió al lugar para supervisar el estado de la obra, y Él fue escogido para que tuviese una sesión de fotos y pasara un día con el político, que, al parecer, necesitaba divulgar su apego por el pueblo para las próximas elecciones.

      Al amanecer, sentía unas ganas inmensas de sonreír y prometer. Se despidió de su ahora adversario y salió a caminar. Saludó a todos en el parque, besó cientos de viejitas y niños y prometió una decena de construcciones y mejoras para la ciudad. Para el mediodía ya se perfilaba como favorito y al anochecer ya era casi seguro que ganara. Su foto aparecía en todos los noticieros.

      Abrumado por la fama y temeroso de un rostro perpetuo, Él corrió a su casa, entró al baño de su habitación y lavó con energía su cara, se vio en el espejo y su nariz comenzaba a chorrear.

      Al día siguiente se levantó y miró el espejo; no vio rostro alguno, era un Don Nadie otra vez. No quería tanta trascendencia como la que tuvo el día anterior, sólo quería saber lo que era ponerse en los espejos de los demás.

10/8/11

Cenicienta "la Greñúa"


     Todos creen que es una santa, que su cabello liso y rubio es natural, que un hada madrina fue la que le dio el carruaje y el elegantísimo vestido D’ior para ir al baile, pero no, no es así. Todos han malinterpretado la historia y es por eso que yo, Anastasia, la supuesta “hermanastra malvada”, he decidido abrir este blog para contar mi verdad, mi versión de los hechos.

     Para empezar, Cenicienta llegó aquí con otro nombre: Rasputia. Debido a su obsesión por los cigarros (se fumaba una caja por día) fue que el pusimos Cenicero, pero, como también era sirvienta, mi hermana y yo acuñamos el nombre: Cenicienta. Sí, quizá fue un poco cruel, pero eso es nada comparado con la maldad de Cenicienta.

     Rasputia, digo, Cenicienta, llegó aquí con los pelos malos, amigos lectores, ¡Malos y oscuros! A punta de plancha, keratina y tinte fue que el cabello se le acomodó. Y no era una esclava como suelen decir por allí, Cenicienta tenía días libres, ¿y saben en que lo invertía?Vendiendo droga. ¿O creen que ese vestido y esos zapatos tan caros se financiaron solos? Mi madre la regañaba por haber convertido esta casa en una tienda de estupefacientes, entonces, Cenicienta se molestaba y amenazaba con irse y no regresar, decía que algún día encontraría un príncipe que la sacaría de su miseria.

     El día del famoso baile, Cenicienta llegó a las 2 de la tarde de la discoteca. Mi madre, al verla borracha, le preparó una sopa para que se repusiera y pudiera acompañarnos en la noche al esperado evento. Cenicienta tiró el plato, se preparó un cigarro con estupefacientes y se encerró en su cuarto. Nos dijo que la dejáramos en paz o iba a caernos a golpes. Ese mismo día, a eso de las 8 de la noche, se apareció Cenicienta con su fino vestido y unos zapatos que me parecían conocidos, ¡eran los míos! Cenicienta se había vomitado en los suyos y sacó unos de mí closet, ¡La quería matar! Luego, comenzó a hablar de un hada madrina que la había visitado y le había dado su hermosa vestimenta y un carruaje con forma de cebolla (se había ido en taxi), obviamente, aún estaba dopada. Se alejó de nosotros diciendo que necesitaba encontrar a su príncipe y que a las 12 debía regresar a casa porque el hechizo se desvanecería, es decir, el efecto de la droga. Llegada la medianoche salió corriendo y para colmo, en el trajín de la cuestión botó una de mis zapatillas. Media hora después, llegamos a casa y encontramos a Cenicienta entregándole un paquete a un cliente.

     El día de la visita del príncipe, Cenicienta nos amarró a todas en el baño para asegurarse de que la zapatilla no le quedara a otra persona que no fuese ella. La zapatilla encajó y ella escapó con su príncipe. Pero eso no es todo, desde que se casó, Cenicienta nos envía cartas de amenaza y ahora nos ha pedido acudir a un juicio por violencia doméstica y complicidad en el tráfico de drogas. ¡Es una desgracia! Ahora juzguen ustedes amigos lectores, juzguen si de verdad merecemos ser llamadas las hermanastras malvadas, si de verdad somos las malas de la historia tras haber soportado todo esto.
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     Esto fue una asignación de Castellano II: contar la historia de un cuento infantil famoso desde la perspectiva de un personaje distinto al protagonista.

Chávez los tiene locos (o de cómo empezamos a ver el pasado con lentes de arcoíris)

   El país está mal y el que tenga ojos que vea, no voy a ponerme a mencionar todas las calamidades y retrocesos que ha sufrido Venezuela durante estos años, para eso está el periódico. No obstante, sáquenlo por aquí: importamos caraotas (esos granos que mandan a cultivar en primaria y que son tan fáciles de cuidar), importamos café (por primera vez en 200 años) e importamos maíz (sí, ya ni las arepas son enteramente venezolanas). 

   En fin, he venido observando con preocupación cómo ante tanta desesperanza, retroceso, corrupción e ineptitud, algunos venezolanos han volcado su mirada hacia atrás, con ojos que entronizan el pasado y hacen exclamar: “¡Coño, aquellos tiempos!” No es que esté en contra de evocar otras épocas, pero me molesta que, poco a poco, las figuras más detestables se estén convirtiendo en héroes frente a Chávez, en personas nobles y una posible (de ser posible) alternativa a este país, alguien que si lo hubiese "echao pa’ lante pues".

   Soy de las personas que no se cala cadenas ni transmisiones desde la Asamblea Nacional y prefiere ver los momentos de ignorancia lapidaria o cinismo extremo a través de Youtube. Si alguien tiene en común esta costumbre, sabe que la sección de comentarios siempre está terriblemente polarizada y se puede leer como el chavista llama al opositor: enfermo mental marioneta del imperio y apátrida, así como el opositor llama al chavista: maldita foca, ignorante, retrasado, seguro eres un malandro como tu presidente. Sin embargo, lo curioso del asunto, es que existe un grupo (pequeño pero constante) de usuarios que siempre deja comentarios como el que procedo a parafrasear a continuación: 

     Este Chávez es rolo de marico, ha llenado el país de maricos por eso estamos como estamos, nojoda, ojalá viniera Hitler a gobernarnos, ese si era un tipo duro verga, acabaría con la guachafita que se tiene aquí y con el poco’e maricos y corruptos que hay, además le daría empleos a los venezolanos y no a los espías cubanos que vienen a Venezuela.

   ¿En serio?, ¿Hitler? 12 años de discursos llenos de resentimiento han tenido efecto sobre estos tipos.

   Otro caso que ejemplifica lo que intento comunicar, es la muerte de Carlos Andrés Pérez. A través de las redes sociales se podían leer cosas como: “¡Ese si era un presidente! No como el malandro que tenemos ahora”. “¡Ay! Carlos Andrés Pérez, un hombre tan bueno, hubiera gobernado bien a Venezuela no como la desgracia de dictador que nos gastamos”. Un poco más, y beatifican al señor. Como decía una caricatura de Eduardo Sanabria: “Ni lo uno ni lo otro”. Si bien es cierto que Carlos Andrés Pérez trajo avances al país (sobre todo en materia económica con la nacionalización del petróleo), no debe olvidarse que fue un corrupto, y el primer y único presidente que ha sido destituido gracias a la independencia y “transparencia” de los poderes públicos para ese entonces.

  Por último, se encuentra la entronización más popular: Marcos Pérez Jiménez. Este señor (de estar vivo) podría ser un candidato para las elecciones presidenciales del 2012 y ¡ganaría! Muchos venezolanos (sobre todo los caraqueños) lo ven como el mejor presidente que ha tenido Venezuela, alguien que: “Sí hizo por este país vale, un presidente con mano dura, gracias a él tenemos lo poco que tenemos”. Ignorando que, si bien gracias a él Caracas es Caracas, durante su gobierno el interior continuó siendo un peladero de chivo. Además, reprimió a sus oponentes políticos y a los medios de comunicación disidentes, impidió la edición de libros de historia durante su mandato y, al igual que CAP, fue un (gran) corrupto.

   Es comprensible el hecho de que la situación del país nos hunda en la desesperanza, pero es inútil mirar al pasado en busca de héroes para Venezuela, y es más inútil todavía maquillar sus imperfecciones o compararlo con Chávez para enaltecer sus aptitudes como gobernante. De esta forma, caemos en el mismo jueguito del Presidente: alterar la historia por conveniencia y para el goce personal. Es necesario mirar hacia el ahora, buscar candidatos que puedan batirse en las elecciones del 2012 y que no provenga del reciclaje de la oposición. 


Originalmente escrito el 15/02/11.