16/1/12

La Fiebre del Oro 2.0 (I)


 Sobre Spin y Spin Reviews

Sé que como estudiante de Comunicación Social debería ser de los que se tocan en la regadera pensando en redes sociales, pero no. Simplemente las veo como herramientas; no como un retroviral en los 80’s.

Recientemente, el formato digital de la revista especializada en música, Spin, dio a conocer su nueva propuesta para seguir los lanzamientos de discos a lo largo del año: Spin Reviews. Con esta invención, Spin, pretende abandonar la redacción de reseñas para “dar un paso adelante” e “innovar” en el mundo de 140 caracteres. El medio, conocido por sus exposiciones y evaluaciones de la mejor música del año, ahora se dedicará a reseñar discos mediante tweets. Una actividad que, a su juicio, es más desafiante que escribir artículos completos.

Las razones que impulsaron a la revista a llevar a cabo esta estrategia, se deben a que cada vez menos personas leen las reseñas y a que la piratería cuela los discos y permite al público formarse una opinión al respecto, incluso antes del lanzamiento.

Ahora bien, entiendo la decisión de Spin; más pragmática que arriesgada y más administrativa que editorial; pero obviamente no la comparto.

Para empezar, no creo que sea arriesgado en lo absoluto “twittear” sobre música, más bien, en un mundo en el que cada vez se lee menos y cada vez se escribe menos, se vuelve la generalidad. Es decir, Spin está saltando a una piscina llena de gente que llegó allí saltando, gente como Discographies, por ejemplo.

En segundo lugar, a pesar de que entiendo lo difícil que se vuelve decir mucho en pocas palabras, no creo que la brevedad de Twitter permita enriquecer estas reseñas. Lo cual, aumenta las probabilidades de que, por “insípidos”, los tweets pasen desapercibido y se vuelva al problema original: nadie lee.

Por último, si bien es cierto que la piratería permite obtener los discos con anterioridad y formarse una opinión al respecto, un medio especializado en música debe ir más allá; ofrecer algo más que una opinión o información básica. Esto quiere decir, que si lo que está plasmado en los artículos es fácilmente deducible por el lector, por cualquier vía que se reseñe se estará destinado al fracaso.

Personalmente, pienso que los medios de comunicación deben reivindicar el valor de la lectura y de la palabra escrita. Asimismo, pienso que deben presentar información ampliada al público si de verdad quieren darse un lugar en la sociedad y conservar cierto prestigio sin verse amenazados por otros movimientos o nuevas tecnologías. Para ello, no se puede depender de Twitter y Facebook como únicas vías para la difusión y recolección de datos, se debe buscar más. Cualquier medio que se precie, debe ser conciso cuando tenga que serlo y debe extenderse cuando la situación lo amerite, hacer lo contrario, es ser idiota. 

4/1/12

Jaleas del am...

   Por allá por dónde las bestias cabestrean hacia el corral, y los terneros pacen y corren por el campo con el sol blandiendo sus rayos a través de la llanura extensa... Por allá por donde las hamacas cuelgan y la vida es una becerra de paso lento que mira siempre hacia el horizonte... Nació Juan Calcito. Hijo de lavandera y de un peón de hacienda, Juanito (como le decían todos en el hato), pronto aprendió los oficios de su padre. Era un muchacho inquieto, trepaba cualquier árbol que se le atravesara  y jugaba con los becerros y los potricos que estuvieran a su alcance. Poco a poco se ganó el afecto de los demás con su picardía e intrepidez, y aprendía a cabestrear ganado como sólo su padre, Eusebio, sabía hacerlo. 

   Pronto llegó la etapa de tumbar mangos y de hacer excursiones hacia dónde el sol permitiera. Juanito ya sabía domar bestias y las amarraba como un profesional. Un día, en una de sus acostumbradas visitas al río, vio a una esbelta y exorbitante mulata salir del agua y asir su oscuro cabello. Se llamaba Xiomara, y poco tardó Juan Calcito en experimentar las dulces jaleas del amor junto a ella. Fue en el río, luego de un baño en las aguas diáfanas y heladas, y luego de haber hartado las mieles de los mangos, que ocurrió el primer beso.

   Y entonces, algo increíble sucedió; el cielo parpadeó como si una cámara gigante hubiera tomado una fotografía con flash y Juanito desapareció. Los abultados y sensuales senos de Xiomara estallaron, las copas de los árboles cayeron sobre su base y la tierra se sacudió mientras que los parpadeos se hicieron más frecuentes y enfermizos... La historia colapsó sobre sí misma por la alineación de tantos lugares comunes. E incapaz de seguir siendo desarrollada y contada, por no encontrar su lugar en la abarrotada y pintoresca narrativa venezolana, desapareció.