“Vengan niños,
hay que cantar el himno”.
«La bandera
nunca se mueve como en las películas», pensaba yo. «Está ahí, dormida como nosotros, colgando
hacia abajo porque a esta hora no hace viento, aquí nunca hace viento». Luego
se me ocurría que hasta la capa de Superman ondeaba más, y veía aquel sol
achicharrador, luego veía hacia el parque con unos lentes de manchas moradas y
negras, y veía a las profesoras encajar su mano entre la frente y la sien para
hacer un visor y observar a lo lejos quién sabe qué.
“¿Por
qué tenemos que cantar el himno?”, preguntaba alguien, siempre. Y una profesora
se acercaba y le comentaba lo importante que es honrar a la patria que la
liberó Simón Bolívar, y que si no fuera por él todavía seríamos esclavos y no
tendríamos esa linda bandera cuyo amarillo representa las riquezas de
Venezuela, el azul, el mar de las costas y el rojo, la sangre derramada por
nuestros próceres.
«
¿Por qué nos tardamos tanto?»
‒Profesora,
¿puedo ir al baño?
‒No Marcela, ayer fuiste y te escapaste y no cantaste el himno.
Todos miraban hacia todas partes, con las
manos recogidas y pegadas a la parte inferior de la espalda, algunos se
balanceaban en esa posición, o movían sus codos como si fuesen pavos. Hasta que
una maestra, la más gritona de todas:
‒Ok, ¡a la cuenta de dos!
Y todos miraban hacia el frente y parecían
encorvarse un poquito.
‒¡Un! ¡Dos!
“… G-loria al bravo pueblo que el yugo lanzó
La ley… petando la virtud y honor”
“¡Más alto que no se oye!”
Y entonces más voces se incorporaban a
los lamentos.
“Abajo cadenas, abajo cadenas,
Gritaba el señor, gri-ta-ba-el-se-ñor”
«Quiero probar la cinta que me
prestaron».
“A este santo no/hombre tembló de fa/pavor
El vil egoísmo que otra vez triunfró”
“Alguien se tiró un viento”. Me decía el
que estaba delante de mí.
“Gritemos con f/brío, gritemos con f/brío,
Muera la opresión, mue-ra la opresión”
“¿Estudiaste sociales?” Se escuchaba a mi
lado.
Con patriotas fieles la fuerza es la unión
Y desde el empírio, el supremo autor
Un sublime aliento al pueblo in…dió”
“¿Viste Scooby-Doo?”
“Unidas con lazos, unidas con lazos
Que el cielo formó”
«¡Quiero llegar a mi casa y probar la
cinta!».
“Y si desd/el dep-empireo-tismo y si el depotismo,
Levanta la voz, seguiré el ejemplo que Caracas dio”
«Ojalá no manden tarea, así puedo jugar
toda la tarde».
“En serio, ¿por qué tenemos que cantar el
himno?” Murmuraba otro niño obstinado, entre el silencio de la transición
estrofa-coro.
(Ahora todos cantaban realmente porque se
acababa el himno)
“La vir-tud y ho-noooor”
"¡Pam, pa pam!”
A alguien
siempre se le escapaba un aplauso cuando terminábamos.
Y entonces bajaban la bandera y la
envolvían como un trapo. Todos dábamos media vuelta y nos devolvíamos con
nuestras profesoras al salón, con la modorra de un canto patriota obligado en
nuestras caras y nuestros cuerpos, con la resignación de una rutina. Costaba
mucho que nos encendiéramos (como si de máquinas se tratara), antes de la
primera media hora de clases.
Y ahora recuerdo a la profesora diciendo
que había que honrar la patria, y al Libertador que nos liberó de los españoles
y evitó que nos convirtiéramos en esclavos, ¿realmente ella creería eso? ¿Obligar
a los niños a honrar a la patria y cantar el himno todos los días, además de
ser el cariño más sintético del mundo, no es una forma de esclavitud?